LATAM e-News – Octubre 2018
Carta de Arturo

Arturo García Rosa
Presidente & Fundador de SAHIC


Sudamérica: diez años de cambio

Me gusta decir que lo único permanente en la vida es el cambio. La verdad, esta afirmación no parece ningún hallazgo, más bien una verdad de Perogrullo.

Lo que sin duda ocurre, y cada vez más, es que la velocidad de los cambios sigue el ritmo de la vida de hoy donde las comunicaciones han transformado las cosas de manera sustancial y, en ese entorno, casi todas las verdades, hasta las de Perogrullo, muchas veces nos pasan desapercibidas y, lo que es aún más dramático, las mentiras, aún las más absurdas, pueden aparecérsenos como verdades irrefutables.

Puede sonarnos insólito, hacernos sentir por momentos frágiles, pero, no hay duda, que así son hoy las cosas.

Y en ese estado de situación, la verdad se convierte en un botín muy disputado detrás del cual se pueden esconder “las travesuras” más impensadas, algunas comprensibles, otras risueñas, a veces con fines altruistas, otras no tanto, y a veces, ocultando los fines perseguidos.

Es que nos olvidamos que hay tantas realidades como espectadores de una misma situación. Ejemplo sencillo, que nos puede contar aquel que ve de espalda a la misma persona que yo veo de frente.

La burbuja inmobiliaria y otras yerbas

En 2008, justo cuando SAHIC comenzaba, un republicano gobernaba los Estados Unidos -George W. Bush- y fue en su gobierno cuando el negocio inmobiliario se mostró crudamente como una nueva cara de la crisis de burbujas de sustento financiero, que la sociedad vive desde hace muchísimos años.

Según el economista canadiense John Kenneth Galbraith, “deben haber pocos ámbitos de la actividad humana en los que la historia cuente tan poco como en el campo de las finanzas”. Como asevera en su libro “Breve historia de la euforia económica”, “las crisis y las burbujas financieras se llevan repitiendo de una forma más o menos cíclica desde que en 1637 la inversión en bulbos de tulipanes en Holanda inflara los precios hasta el punto en que un bulbo podía llegar a valer lo mismo que una casa”.

Ya más en nuestros tiempos, el proceso más recordado antes de la crisis subprime fue la burbuja de las punto com (1997-2001), donde cualquier nuevo desarrollo de empresas de internet podía valer no ya lo que una casa sino lo que el Waldorf Astoria o el Plaza Hotel de New York, e incluso los dos juntos, cosas ridículas si las hay.

La verdad, sobre todo si estamos parados del mismo lado de la persona que tenemos en frente, es que la especulación es tan vieja como el ser humano y cualquier instrumento es válido para quienes sienten atracción y pasión por la misma.

Empresas punto com, petróleo, otros commodities, hipotecas basura, da lo mismo, lo peor es el síndrome de abstinencia, quienes se dedican a agregar valor a través de distintas variantes financieras, son actores principales de la creación de euforias que ineludiblemente se convierten en crisis.

Como decíamos, el 2008 sorprendió a los Estados Unidos con la crisis más importante desde la recordada Gran Depresión de 1930.

Como nunca antes, esta crisis impactó en los países más avanzados de manera colosal sin hacer mella directa en nuestra región. La eterna debilidad de la falta de crédito se convirtió en aquel entonces en la mejor vacuna para mantener inmune a los principales mercados, si es que en el carácter de economías emergentes, se puede estar de alguna manera inmune en el mundo donde los Estados Unidos, Alemania y sus aliados, Rusia y China, juegan un partido de una liga a la que no se está invitado a participar pero si a contribuir con sus costos.

La década 2008-2018 en Sudamérica

Con las particularidades de cada mercado, en general ha sido una década favorable para los principales mercados con la clara excepción de Venezuela y algunos otros daños que pudieron ser evitados pero finalmente ocurrieron, como es el caso de Argentina.

En 2008, con la excepción de Colombia en la que gobernaba Álvaro Uribe, la mayor parte de los países de Sudamérica estaban bajo un más o menos claro sesgo populista que, en algunos casos, devastó no solo la economía del país en cuestión, sino que aniquiló gran parte de los recursos y capacidades personales de quienes vieron como no había distinción entre el esfuerzo y la prebenda.

Todos los casos no fueron iguales, Perú se destacó singularmente. Llegó a tener un presidente (Ollanta Humala) de clara extracción de izquierda que rápidamente se alineó pro mercado y facilitó que la economía de su país continuara el camino que la ha convertido en la que más ha crecido en ésta década. Dejamos de lado los temas de corrupción, no por menores, sino porque merece un tratamiento específico.

Colombia, junto con Perú y en menor medida Chile, fueron los paladines de esta década, mostrando al resto como, con menos antecedentes, con menos soberbia y mucho más ahínco y convicción, se puede vencer dificultades y alcanzar objetivos que, por momentos, parecen inalcanzables.

Brasil es un caso aparte, de tumbo en tumbo durante los últimos años, una presidente destituida, un ex presidente preso, y una larga recesión que, a contramano de lo que dicen los libros latinoamericanos, logra superar en medio de una de sus más graves crisis políticas. Lo que en principio nos deja dos claros avisos.

El primero, una cosa es la salida personal y otra la nacional, o no hay salida personal sin sueño colectivo. La política es producto de una sociedad pero la sociedad se hace cargo y hace lo suyo. De no ser así no hubiera sido posible salir de la tremenda recesión que logró dejar atrás en medio del caos descripto.

El segundo aviso, nada menor por cierto, es el desafío de imaginar lo que una sociedad podrá llegar a alcanzar una vez recuperado cierto grado de previsibilidad en sus instituciones.

Paraguay, el pequeño país sin acceso al mar centrado en lo que le es posible y sin desperdiciar esfuerzos en luchas sin sentido, crece de la forma que nadie hubiera imaginado y se afianza como una alternativa clara para muchos inversores de su misma región.

Uruguay, ante su eterno desafío de estar en el medio de los dos grandes, Brasil y Argentina, y tratar de encontrar su propio destino, ha mantenido un andar por encima de lo que desde lejos no parece tan fácil. El año próximo habrá elecciones y la oposición se entusiasma con que le tiempo de cambio está llegando.

Argentina, me hace tristemente recordar a la definición del célebre escritor Jorge Luis Borges respecto del peronismo. Es que pareciera que una sociedad que no ha logrado superar el estigma de “un movimiento nacional y popular” (Juan Domingo Peron dixit) que luego de 73 años que irrumpiera en la vida del país ha demostrado que “su doctrina y propósitos” son una de las tantas “verdades” que solo el mundo de hoy puede sostener como cierta, cualquiera sea el lado en que estemos parados frente a la misma persona.

Borges ha dicho del peronismo: “Mire, yo detesto a los comunistas, pero por lo menos, tienen una teoría. Los peronistas, en cambio, son snobs”. “Los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles”.

Una podría sostener que se trata solo de una opinión, que la misma está fuera de escala y tiempo o, en el típico argot peronista referir que la misma proviene de “un gorila”, denominación con la que históricamente desacreditan cualquier opinión distinta a la de ellos. Lo paradójico es que cualquier inquietud por ahondar en los alcances del término “gorila” nos lleva increíblemente a concluir que ha sido pergeñada para definir a quienes desde hace 30 años se aprovechan de los símbolos de un movimiento que nunca fue más que el sostén de un dictador disfrazado de demócrata.

El futuro en la región

La era Trump ha cambiado no solo la relación con las principales potencias del mundo, sino incluso, aún cuando no son tema prioritario de la actual administración del país del norte, de los países de Latinoamérica en general.

De la globalización extrema al nacionalismo más rancio es el -hasta hace un par de años impensado – camino liderado por el actual presidente de Estados Unidos.

La guerra comercial recién ha comenzado y es de consecuencias a largo plazo todavía no del todo conocidas, pero entre tanto ya sabemos que el dólar ha vuelto a ser una moneda fuerte, que las economías emergentes enfrentan nuevos desafíos donde el acceso al crédito se ha dificultado. En algunos casos de manera sustancial, pregúntenle sino al presidente Macri.

Esto se extenderá, al menos, hasta le final del mandato de Trump, el cual no sabemos si se encaminará a una reelección, pronto tendremos el termómetro de las elecciones e medio término.

Ahora bien, cual es la diferencia más marcada en casi toda la región. Los gobiernos más o menos populistas que eran mayoría en 2008 han dejado lugar a otros sesgos.

Macri, inició el camino para seguir a Perú y Colombia, que desde hace años se manejan con economías pro mercado. Le siguió Piñera en Chile. Abdo Benitez acaba de reemplazar a Cartes lo que, con sus matices, asegura el sesgo pro mercado. Lenín Moreno en Ecuador, si bien ex fiel de Correa, hoy más alineado con una economía abierta y pro mercado. Brasil termina de confirmar que Bolsonaro llegó para terminar con años de PT, el tradicional partido de Lula.

Con excepción de Uruguay, una izquierda moderada y Bolivia. Los populismos parecen, por ahora, ser cosa del pasado.

La realidad ha golpeado las puertas de la casa del hombre común, que en Latinoamérica básicamente es descendiente de quienes vinieron de los barcos, mayoritariamente de España e Italia. Aquellos abuelos y bisabuelos han dejado una enseñanza muy clara que, aún cuando la vorágine del mundo moderno parece convertirla en una verdad dudosa, termina siendo cierta cualquiera sea el lado en que se esté parado frente a la misma persona, son los valores y el esfuerzo los únicos que pueden sacar a una persona y una sociedad adelante.

No importa de que lado estemos frente a esta persona que ahora tenemos en frente, en cualquier caso, el futuro está en nuestras manos, no en la de quienes vienen a prometernos un mundo mejor en el que nuestro esfuerzo mayor es adularlos y profesarles fe ciega.

No cabe duda que, aún cuando no sin dificultad, el futuro en la región será espectacular.