LATAM e-News – Mayo 2018
Carta de Arturo

Arturo García Rosa
Presidente & Fundador de SAHIC


Argentina: Lo que no te mata te fortalece

Un clima de gran tensión se vivió en los últimos días en Argentina y por sobre todo en las filas de la alianza gobernante.

Es que el mercado sorprendió para realizar lo que el gobierno sabía era necesario, pero no se animaba a llevar adelante.

Es que, en aras de un gradualismo que evitara estimular estallidos sociales que muchos sectores de poder enrolados en la oposición, luego de haber gozado de las mieles del ejercicio extremo del mismo durante doce años de “kirchnerato”, están siempre listos para alentar en pos de defender sus propios intereses -los cuales por cierto ven cada vez más comprometidos- el gobierno encaró un programa para sacar a Argentina de la parálisis y atraso en la que estaba sumergida. Lo hizo realizando un montón de cosas, algunas impensables tanto por su éxito como por su timing, otras que no fueron del todo acertadas, algunas que salieron decididamente mal y fueron rápidamente corregidas. Pero por sobre todo, lo que hoy resalta más que nunca en las circunstancias de la crisis financiera que sorprendió de manera inesperada a la mayoría de la población, es todo aquello que no hizo, lo que todavía está pendiente, donde se destaca claramente, el no haberle hablado con franqueza a la población.

Es que de un descalabro como el que dejó el gobierno anterior, habiendo ejercido el poder durante tanto tiempo y con una necedad pocas veces vista, es imposible pensar que se puede salir de la noche a la mañana y, sobre todo, es imposible pensar que se se puede salir sin pagar costos que no por injustos puedan evitarse.

Es una historia ya conocida, de alguna u otra manera. Hay una cierta predisposición a resistirse a una verdad inexorable como es aceptar que los reyes magos no existen.

La crisis fue un golpe al corazón del manejo de la política por parte del gobierno y un sacudón para gran parte de la población, sino toda, incluso para muchos de aquellos que simpatizan con el gobierno de Macri. Pareciera que éstos últimos, aún cuando no ya niños, quisieran resistirse a comprender que los reyes magos no existen.

El gobierno debió hablar claro, lo que hubiera facilitado encarar algunas medidas en un tiempo más corto. El sufrimiento es siempre algo cruel, pero cuando se alarga en el tiempo se hace exasperante, hasta el punto que muchos deciden claudicar.

No debió haberse llegado hasta ese punto.

Lo cierto es que, al día de hoy la crisis pareciera estar controlada. Por supuesto los hay quienes lo ven de ese modo, como quienes auguran que las diez plagas de Egipto no son nada al lado de lo que vendrá. En lo personal me enrolo en la seguridad que Argentina está bien orientada. El camino, a pesar de los errores cometidos y de los problemas que hay que enfrentar, es el correcto.

No serán tiempos de rosas para la población en general, pero es que como fue dicho, este descalabro necesita tiempo para acomodarse y el camino será duro.

Una sociedad decadente, como a mi juicio es la sociedad argentina -sociedad a la que pertenezco aún cuando haya decidido dejarla en la vida cotidiana hace ya casi siete años- una sociedad que no encuentra todavía detener un proceso de deterioro en el que está inmersa dese hace décadas, no puede pretender vivir de la forma que lo hace, consumiendo sus recursos desmedidamente sin preocuparse por pensar cómo se hace para que los mismos se multipliquen, como si la perinola le cayera siempre de la cara del “Lleva todo” cual barril sin fondo en el que siempre hay algo del que sacar. Otra vez lo de los reyes magos.

La crisis financiera de la que parece haberse salido no fue prevista por los máximos responsables del gobierno, o al menos no pareciera que así hubiese sido, pero sin duda la impericia no es total. Ha sido este mismo gobierno el que navegó con éxito las aguas de un supermartes que amenazó con las peores consecuencias.

Lo que no mata, fortalece. Y tengo para mí que esta ha sido una buena lección para el Presidente Macri y su equipo, así como también para la oposición y buena parte de la población, al menos para toda aquella que no pasa penurias.

El tiempo dirá si es que se está en los albores del camino de la recuperación o ha sido solo un cimbronazo más, de una decadencia que nuestros padres y abuelos nunca imaginaron que sus hijos y nietos serían capaces de provocar.